He llegado a ti, sin mediar una palabra, sin sentir esa respiración que te ahoga, que te envuelve en la lógica del mercado. Desfilas por el bosque de tus caderas, sin embargo la oscuridad te envuelve en los mares del antagonismo.
"He llegado a ti", eso dices pensar, o más bien, deseas que yo piense, no obstante pensar es recordar, es sentir el pasado vivido, no decidí ahogarlo en el olvido. No. Es el camino de la soledad que transita, el pasaje a Babylon que ansío con emoción y lamento.
No exijo que te acuerdes de mí, tan sólo sigo en la vitalidad de la vida, en ese constante devenir, llenarme de experiencia, de sentir la altura que no lograste por tu ortodoxia.
Muerto, he muerto, pero esa muerte debe trascender en la fortaleza del ser. Mil y un veces he sentido el latido que no tengo, el reflejo de tu esencia, el color que forma la vista en tu mirada, esa piel que he sentido, que indiferentemente me es extraña.
Los valores están establecidos, los evado, los nihilizo como ser antimoral, arraza todo a su paso, fluye como sangre ambivalente que augura el desprecio al aprecio. Tan sólo en este momento le diste el módico alcance a lo que tienes, estas paredes que presencio le dio el valor a lo que auguras.
Testamento, si! Te has convertido en el papel que convence a los hombres de tu palabra, de esa magia putrefacta que me obsesiona, sólo fue un ínfimo detalle. He faltado, lo he hecho! Por qué no? Quieres llenarme de prejuicios? Tú renta es mi renta, mi cuerpo te perteneció, más el tuyo fue sólo un anexo, en la cumbre de la mercancía, ese trasfondo plusválico, que hace sucumbir a tantos, entre tantos, pero menos, unos pocos.
Comprobé que el capital corre sangre, y obviamente de la buena, más enferma aun esta tu mente, viajando las vías de la percepción en el ocaso de luna llena.
Disipo estas líneas para dejar fluir aquello que aún espera, ese hermoso horizonte que viaja entre la interpretación de los Mass Media, empero, al conocerte y desconocerte, me gratifica sentir que fue una realidad ajena.
"He llegado a ti", eso dices pensar, o más bien, deseas que yo piense, no obstante pensar es recordar, es sentir el pasado vivido, no decidí ahogarlo en el olvido. No. Es el camino de la soledad que transita, el pasaje a Babylon que ansío con emoción y lamento.
No exijo que te acuerdes de mí, tan sólo sigo en la vitalidad de la vida, en ese constante devenir, llenarme de experiencia, de sentir la altura que no lograste por tu ortodoxia.
Muerto, he muerto, pero esa muerte debe trascender en la fortaleza del ser. Mil y un veces he sentido el latido que no tengo, el reflejo de tu esencia, el color que forma la vista en tu mirada, esa piel que he sentido, que indiferentemente me es extraña.
Los valores están establecidos, los evado, los nihilizo como ser antimoral, arraza todo a su paso, fluye como sangre ambivalente que augura el desprecio al aprecio. Tan sólo en este momento le diste el módico alcance a lo que tienes, estas paredes que presencio le dio el valor a lo que auguras.
Testamento, si! Te has convertido en el papel que convence a los hombres de tu palabra, de esa magia putrefacta que me obsesiona, sólo fue un ínfimo detalle. He faltado, lo he hecho! Por qué no? Quieres llenarme de prejuicios? Tú renta es mi renta, mi cuerpo te perteneció, más el tuyo fue sólo un anexo, en la cumbre de la mercancía, ese trasfondo plusválico, que hace sucumbir a tantos, entre tantos, pero menos, unos pocos.
Comprobé que el capital corre sangre, y obviamente de la buena, más enferma aun esta tu mente, viajando las vías de la percepción en el ocaso de luna llena.
Disipo estas líneas para dejar fluir aquello que aún espera, ese hermoso horizonte que viaja entre la interpretación de los Mass Media, empero, al conocerte y desconocerte, me gratifica sentir que fue una realidad ajena.
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