CLODOVALDO HERNÁNDEZ | EL UNIVERSAL
A pesar del histriónico retiro de Leopoldo López, el domingo sí habrá un sexto candidato opositor en el ruedo. Se trata de ese gran líder histórico del antichavismo rabioso: los medios de comunicación. Las elecciones internas serán una medición de la popularidad y la credibilidad de estos medios, aquí, ahora y exclusivamente entre su público cautivo. Un referendo.
Los medios autodenominados independientes (cada quien puede apodarse como mejor le parezca) han comprometido todo lo que tienen y, en algunos casos, lo que les queda (el bagazo, pues) en convocar al electorado opositor a participar. Incluso han llegado al fantasioso extremo de hacer ver que en las calles existe un entusiasmo sublime por las primarias, una pasión loca por los candidatos, un frenesí nunca visto por la MUD y que el elector promedio opositor está impaciente, esperando la hora para colmar los centros de votación, tal como lo hizo el año pasado cuando inauguraron la tienda de Victoria's Secret. `Vota, vota, vota, dicen los espacios publicitarios. Vota, vota, vota, dicen los espacios informativos. Vota, vota, vota, dicen los espacios de opinión. Vota, vota, vota, dicen hasta las caricaturas.
Entonces, si hay una alta participación, los medios habrán demostrado que siguen como en sus mejores épocas, cuando eran capaces de convencer a una doñita fashion con osteoporosis incipiente de que hacer bailoterapia en una autopista serviría para derrocar al rrrégimen.
Ajá, pero, si la participación es baja, ¿cómo quedará el sexto candidato? ¡Ay, mamá! Si un porcentaje importante de los antichavistas usuarios de estos medios no hacen caso de la tormenta de persuasión 4x4 y, en consecuencia, no votan, estaremos ante un pésimo síntoma para estos periódicos, radios, televisoras y webs trastocados en aparato de propaganda abierto las 24 horas.
Por supuesto, cabe esperar que si el resultado es positivo, el sexto candidato hará suyo el triunfo. Con justicia dirá que sin la intensa campaña mediática, por estos candidatos no hubiesen votado ni sus respectivas abuelas. Pero si el resultado es negativo, que nadie espere ver a los editores, jefes de Redacción, reporteros y caricaturistas asumiendo su parte de la derrota, no es cosa que suelan hacer. Dirán, también con justicia, que con estos aspirantes ni Goebbels lograría el milagro.
Claro que -visto desde otro ángulo- haya o no una buena participación, el sexto candidato saldrá ganancioso, pues mientras los otros cinco han gastado sus reales (o, mejor, los reales de los financistas) en carísimas campañas, los medios se han llenado los bolsillos de dinero fresco (bueno, es una manera de llamarlo). Como en la ruleta, la casa siempre gana.
Los medios autodenominados independientes (cada quien puede apodarse como mejor le parezca) han comprometido todo lo que tienen y, en algunos casos, lo que les queda (el bagazo, pues) en convocar al electorado opositor a participar. Incluso han llegado al fantasioso extremo de hacer ver que en las calles existe un entusiasmo sublime por las primarias, una pasión loca por los candidatos, un frenesí nunca visto por la MUD y que el elector promedio opositor está impaciente, esperando la hora para colmar los centros de votación, tal como lo hizo el año pasado cuando inauguraron la tienda de Victoria's Secret. `Vota, vota, vota, dicen los espacios publicitarios. Vota, vota, vota, dicen los espacios informativos. Vota, vota, vota, dicen los espacios de opinión. Vota, vota, vota, dicen hasta las caricaturas.
Entonces, si hay una alta participación, los medios habrán demostrado que siguen como en sus mejores épocas, cuando eran capaces de convencer a una doñita fashion con osteoporosis incipiente de que hacer bailoterapia en una autopista serviría para derrocar al rrrégimen.
Ajá, pero, si la participación es baja, ¿cómo quedará el sexto candidato? ¡Ay, mamá! Si un porcentaje importante de los antichavistas usuarios de estos medios no hacen caso de la tormenta de persuasión 4x4 y, en consecuencia, no votan, estaremos ante un pésimo síntoma para estos periódicos, radios, televisoras y webs trastocados en aparato de propaganda abierto las 24 horas.
Por supuesto, cabe esperar que si el resultado es positivo, el sexto candidato hará suyo el triunfo. Con justicia dirá que sin la intensa campaña mediática, por estos candidatos no hubiesen votado ni sus respectivas abuelas. Pero si el resultado es negativo, que nadie espere ver a los editores, jefes de Redacción, reporteros y caricaturistas asumiendo su parte de la derrota, no es cosa que suelan hacer. Dirán, también con justicia, que con estos aspirantes ni Goebbels lograría el milagro.
Claro que -visto desde otro ángulo- haya o no una buena participación, el sexto candidato saldrá ganancioso, pues mientras los otros cinco han gastado sus reales (o, mejor, los reales de los financistas) en carísimas campañas, los medios se han llenado los bolsillos de dinero fresco (bueno, es una manera de llamarlo). Como en la ruleta, la casa siempre gana.
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